UN BAÑOS DE SIGLOS

EN LA ROMA ANTIGUA, los baños públicos se convirtieron en centros de ocio, reunión, salud y negocios. Luego se popularizaron en el resto de su imperio. Las caldas o termas de Hispania han llegado hasta nuestros días reformadas como recintos de descanso y bienestar, con altas propiedades curativas gracias a sus aguas minero-medicinales. En España se conservan decenas de estos establecimientos seculares.

LA GEOGRAFÍA ibérica está salpicada de numerosas de estas caldas, lo que ha alumbrado un turismo termal en torno a ellas.

FUERON los romanos los primeros que aprovecharon racionalmente el agua termal para curar enfermedades.

La Roma antigua siempre rindió culto al cuerpo. Y aunque fueron los griegos los que hicieron del aseo un acto natural, poco tardaron los romanos en promover la higiene personal a través de los baños y quienes aprovecharon, además, racionalmente el agua para curar las enfermedades. El recinto escogido para todo ello eran la balnea o balneum (de propiedad privada) y thermae o therma en los lugares comunes. Por obra y gracia de emperadores como Nerón, quienes desarrollaron una especie de “pique” en la intentona de agradar a todo el mundo con las mayores de estas edificaciones construidas, las estaciones termales se transformaron en epicentro de la vida social, política y cultural de las localidades romanas. De hecho, no era de extrañar que a su alrededor se concentrasen mercadillos o puestos ambulantes y se arremolinasen astrólogos y videntes. Eran lugares reposados para las conversaciones, el recreo y las relaciones sociales, así que de los encuentros informales aquí mantenidos nacieron decisiones trascendentales para el futuro de la civilización.

Las termas acabaron abriéndose a todas las clases. A partir de las 17.00 horas, se dejaba lo que se estuviese haciendo y se acudía presto al complejo balneario para recibir un masaje mientras se apreciaba la decoración de gran lujo aglutinada en sus estancias. Los emperadores no se privaron de medios y las engalanaron con mosaicos, estatuas y frescos muy valiosos. Muchos de estos elementos de ornamentación han llegado a nuestra era, así como la disposición de estos recintos en una estructura similar. Así, se subdividían en un patío central o palestra, las tabernae o tiendas adosadas a las salas de baños donde se dispensaba comida y bebida, las caldarium o lugares para tomar un baño caliente, los frigidarium, para los baños contrarios, los más fríos, el tepidarium o habitación de temperatura tibia para preparar los músculos del bañista, los apodyterium o vestuarios y, por último, la estancia donde se tomaba un relajante baño de vapor, que adquiría el nombre de laconium.

Ejercicio de ingeniería

Hay un último nombre, el de hypocaustrum, fundamental para conocer las vísceras de una estación termal, ya que es el sistema de calefacción subterránea por el que circulada el agua caliente y vapor por todas las piscinas. El agua se traía desde las fuentes, a menudo lejanas, mediante la red de acueductos. En algunas urbes, como Segovia, los canales distaban 14 kilómetros del núcleo de la ciudad, lo que hacía trabajoso suministrar los suficientes recursos hídricos a las instalaciones.

Muchas de las termas utilizadas en la época romana y que se generalizaron a partir del siglo I a.C., tras descubrirse el sistema para distribuir aire caliente obra del ingeniero Cayo Sergio Orata, están todavía hoy en activo.

De hecho, la geografía europea está plagada de ellas, especialmente portuguesa, española, francesa e italiana, que cobijan cuantiosas de estas instalaciones, empleadas masivamente en la búsqueda de las propiedades minero-medicinales presupuestas en sus fuentes y manantiales. Por este motivo se congregan en torno a ellas diversos servicios para el bienestar y tratamientos terapéuticos.

Fuentes de Salud

Las aguas termales están indicadas para pacientes que sufren síndrome posmenopáusico, lumbalgias, cefaleas, asma y padecimientos bronquiales e hipertensión moderada, así como ginecopatías y alergias. Zambullirse en estas caldas es bueno también para combatir afecciones reumáticas del aparato locomotor y para aplacar vaivenes del sistema nervioso y el estrés. Adentrarse en una calda y sumergirse en un baño, más que reponedor es purificador, como sugería el medico Galeno de Pérgamo.

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